Ir al contenido principal

Look final

Érase una vez una chica (sí, con los 40 ya cumplidos) a la que le daba por soñar, lo hacía durmiendo, pero también despierta. A veces en esos sueños también hablaba, pensaba en una historia y cogía el móvil para abrir la grabadora, nota de voz, posible idea de microrrelato. Ya podría estar en la cola del Mercadona o en el parque esperando a que sus hijos desfogaran un poco más la energía diaria para afrontar la rutina necesaria, que soñaba. Y dicen que los sueños a veces se cumplen.

Este microrrelato ha sido seleccionado de entre los mencionados ENTC 2018 para que forme parte también del libro. La foto que lo inspiró es de Víctor Lax, sugirió historias bien diversas, la mía digamos que habla de una novia pero pasado un tiempo desde la boda.


Que este relato forme parte del recopilatorio "8º Certamen de Relato Corto para Mesilla de Noche", con esta fantástica portada de José Fco Álvarez García, me hace sumamente feliz.


Gracias por repescarme y enhorabuena a todos los demás seleccionados.

Aquí va el micorrelato.

LOOK FINAL

Somos amigas desde la infancia. Ella una gran ejecutiva, con muchos lujos, sin niños y un cutis ideal. Yo me dediqué a mi pasión, la peluquería, y me casé con él, el de toda la vida, mucho músculo y poco cerebro. Siempre acude a mí, no sé si por amistad, porque realmente le gusta o por pena. El otro día quiso un cambio de look radical, el corte, el color,... quería estar realmente guapa. Han pasado muchas cabezas por mis manos y sé lo que eso significa. Él acude con más frecuencia al gimnasio, y eso también sé lo que significa. Hoy viene, le he dado la última hora, le diré que estoy resfriada y que es muy contagioso, así podré usar la mascarilla. Siempre le gusta ir bien fijada en su peinado, seré generosa con la laca, calculo que el gas le hará efecto en un par de horas. Cuando el inspector me pregunte por mis últimas búsquedas en Google le diré la verdad, que tengo a medias un microrrelato en el que no acabo de encontrar la manera perfecta de matar a la protagonista.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Dentro del armario

       Cuando aquel agosto decidí limpiar el armario encontré a nuestra hija. Hacía tiempo que no sabíamos nada de ella, un día discutimos y se marchó de casa, o eso creímos. Recuperar la confianza nos iba a llevar un tiempo, por eso la dejamos ahí adentro. Cada mañana poníamos una bandeja en el suelo con comida y bebida. Y si necesitaba algo nos escribía una nota. Ha pasado un tiempo desde aquello y aún sigue ahí. Estas Navidades cenamos todos juntos dentro del armario, aunque hay algo que me preocupa y es que espero no manchar nada con las gambas.  (la imagen es de Google) Microrrelato finalista en la VIII edición de Relatos con Banda Sonora, organizado por la Cadena SER y la Escuela de Escritores.

En mil pedazos

  En la escuela de niños enseñaban matemáticas y el abecedario, en la de niñas nos teníamos que conformar con aprender a bordar con la señorita Julia. Sabía que podía confiar en ella, también en madre, y que a padre y mis hermanos les podríamos engañar con cierta facilidad. Era la pequeña y de salud delicada — madre solía referirse a mí como su niña de cristal — , y nadie sospecharía de mi ausencia si les decíamos que había caído enferma y que me enviarían una temporada con unos parientes que vivían lejos. Días atrás, la señorita Julia había anunciado al párroco que su hermana había fallecido dejando huérfano a su sobrino; que iba a venir a vivir con ella, pues era su única familia, y que necesitaría una plaza en la escuela para él. Madre recuperó del baúl ropa de mis hermanos de cuando tenían mi edad y ya instalada en casa de la señorita Julia, ató mi pelo con un lazo y lo cortó, guardándolo en un pañuelo. Un día nos cruzamos viniendo del mercado y ambas simulamos a la perfección

Consecuencias de vivir en un ático

  Dejó la puerta de la jaula abierta esperando que escapara. Huye, huye y sé libre, tú que puedes, le decía. Pero el maldito pájaro únicamente se limitaba a canturrear como respuesta. Ese pio pio que se le metía en la cabeza y no le dejaba pensar en nada. Hacía ya una semana que Elisa se había marchado y la casa parecía una pocilga. No porque ella fuera una hacendosa ama de casa, más bien al contrario. Era él el que se ocupaba de comprar, limpiar y cuidar de los niños. Pero ya no había ni rastro de Elisa ni de sus hijos. Se fue a dormir dejando la jaula en el balcón. A pesar de ser invierno creyó que cuando notara, oliera la libertad, entonces sí que volaría. Debería ser aún temprano cuando el pio pio le despertó. Había olvidado cerrar la puerta del balcón, pero ya ni sentía ni padecía y el frío se le antojaba un buen compañero; tampoco había bajado las persianas y un tímido sol iluminaba la estancia. Maldito pájaro, pensó. Su desayuno había pasado a consistir en una cerveza y un