He inventado diferentes profesiones para él, porque me avergüenza decirle a qué me dedico en realidad, sé que no debería. Es un chaval muy maduro para su edad, pero creo que lo etiquetarían en la escuela y eso, añadido a su timidez, no le ayudaría. Me pasó algo parecido con su madre. Era la chica más guapa de toda la fiesta. Llevaba un vestido blanco que resaltaba su figura y yo... Perdí la noción del aquí y el ahora y mis manos se convirtieron en mantequilla, escurriéndose mi copa en su inmaculado vestido, quedando ante ella como un auténtico payaso. – Lo siento, déjame invitarte para compensar este estropicio –le insistí. – No te preocupes, mis padres tienen una tintorería y no va a ser ningún problema sacar esta mancha –sonrió. Seguimos el uno al lado del otro y ya no nos separamos en toda la fiesta. – ¿A qué te dedicas? –me preguntó. –Bueno, soy el que escribe los créditos de las películas cuando llegan a su fin –esa fue mi respuesta. Ahí e...
Todo empezó en un semáforo. No soy rubia, no tengo un descapotable pero hago las croquetas como las de mi madre. Me gusta escribir. Reírnos de nosotros mismos nos mantiene locos en un mundo de cuerdos.